Reflexión Primera
En algunos casos sólo resta involucionar un poco, como para algunos saltos se necesita tomar impulso.
En algunos casos sólo resta involucionar un poco, como para algunos saltos se necesita tomar impulso.
Si cambio el número de mi teléfono me libraré momentáneamente de la agónica esperanza de que alguien me llame o me escriba para algo importante.
Todo cortejo se torna en extremo fastidioso si parte del sofisma de amor lúdico en el que siempre hay quien quiere y quien se deja querer.
Cuando no se tiene suficiente amor por uno mismo, el corazón vaga libremente mendigando afectos cual perro callejero.
El hombre prudente tiene para sus admiradoras secretas la voluntad que le inspira la Ley de Murphy.
El ser práctico impide que me lamente de más por situaciones en las que no he tenido participación; eso me hace un pésimo consolador.
Desconfía siempre de la persona que diga tener un “mejor amigo”. El comparar las amistades entre sí sólo es de gentes poco juiciosas.
Cuando las barreras normativas fallan, sólo restan las barreras físicas, esas que nos hacen ridículamente cercanos a los animales.
Hay quien hace un alto en su vida por un momento de solaz. Hay quien pretende vivir en un eterno solaz y su vida le hace un paro crítico.
La negación de ciertas realidades permite atrasar sus implicaciones por algún tiempo. Al final sólo se logra que surjan con mayor fuerza.
Siempre encontrarás mujeres pretendiendo justificar su putería en los defectos que ven en sus parejas.
Acostúmbrate a salir de la vida de las personas del mismo modo en el que entraste. “Fácil viene, fácil se va”: esa es la consigna.
Producto de la evolución, ya no es posible hablar de mujeres difíciles; sólo puede hablarse de mujeres a las que les gustas y a las que no.
De ciertas personas se hace necesario conocerlas poco para lograr tomarles afecto. A veces una gran felicidad implica una gran ignorancia.
De toda pasión bien conducida se espera que sea paciente y real. Muchas prisas idealistas tienen por destino un cruel desengaño.