Reflexión Tercia
Todo cortejo se torna en extremo fastidioso si parte del sofisma de amor lúdico en el que siempre hay quien quiere y quien se deja querer.
Todo cortejo se torna en extremo fastidioso si parte del sofisma de amor lúdico en el que siempre hay quien quiere y quien se deja querer.
Cuando no se tiene suficiente amor por uno mismo, el corazón vaga libremente mendigando afectos cual perro callejero.
Acostúmbrate a salir de la vida de las personas del mismo modo en el que entraste. “Fácil viene, fácil se va”: esa es la consigna.
Bolívar entregó a cada amor que vino a su encuentro el caudal de arrullos y afectos que no alcanzó a recibir en su niñez. Todo aquel inmenso chorro de querencias que el destino le negó con implacable severidad cuando más lo necesitaba; no tuvo la felicidad de una esposa esperando al calor del hogar y los hijos brincando alegres entre sus piernas arrullándole con sus inocentes caricias.
Este vacío inmenso, angustiante y nostálgico de la falta de un lugar a donde llegar después de la faena diaria; ese no tener la esperanza de una mujer que endulce nuestro espíritu y nos llene de felicidad, es la que forzosamente convierte a Bolívar en un permanente buscador de aventuras femeninas, porque su espíritu se seca, lo quema la candente pasión que lleva por dentro.
Se consume poco a poco y la soledad de su espíritu y la de su corazón, que era la más aterradora, lo conducen a ese tipo de conquista, la del amor fugaz que habría de endulzar sus horas tristes y de profunda melancolía. La de una compañera comprensiva, dulce y consecuente que crea en él y en su amor circunstancial, no permanente pero sincero, en la desbordante realidad de sus sentimientos muy generosos. De una mujer inteligente que sepa entender la delicada y alta investidura de su rango. Que lo respete y considere, aún cuando la misma condición de ese amor furtivo, clandestino algunas veces, prohibido con sabor a pecado, siembre dudas y riesgos que él está dispuesto a aceptar, no porque sea un impetuoso ni un usurpador del hogar cristianamente constituido pero sólo porque las circunstancias de la vida, irremediablemente lo conducen por esos recodos llenos de peligro en donde la aventura surge indescriptiblemente subyugante, apetecible y lisonjera. Bolívar reconocía que actuar así contrariaba sus propios principios de delicadeza pero su encumbramiento llegaba a tales alturas que quienes se podían considerar ofendidos en su honor y orgullo, más bien lo aceptaban como un peldaño más para ganar influencias ante el Héroe y el disfrute de consideraciones mejores en una sociedad que así lo exigía y un manto de aparente indiferencia cubría la aventura y hasta muy diligentemente se buscaba la relación y la amistad de la afortunada elegida.
MORALES-LOAIZA, Alejandro. En la búsqueda de la amistad. Cuaderno de Bitácora de Alejandro Morales-Loaiza. 2008. [En línea]. Puesto en línea el 12 de abril de 2008. URL: http://alejandromoralesloaiza.blogspot.com/2008/04/en-bsqueda-de-la-amistad.html Consultado el 11 de septiembre de 2009. SPE/SPI.
“Si el amor es cosa rara, la amistad no se sabe lo que es ni dónde está”.
Existen mujeres a las que he amado y odiado al mismo tiempo: amadas por ser inocentes y odiadas por querer siempre demostrar lo contrario.
Se tiene razón y equilibrio cuando se puede ser romántico sin llegar a sentirse mentiroso, aunque se sabe que ese tipo romanticismo no paga.
Es un hecho: Las demostraciones públicas de excesivo afecto te hacen menos deseable.