Cuestiones sencillas
“Y lo cierto, amigo mío, es que en el mundo ha existido siempre una profunda crisis que se manifiesta, bien por más, bien por menos, a lo largo de todas las épocas y cuyo origen no se agota totalmente en la pérdida valores o en la dialéctica ideológica; excede a esas complicaciones. Prefiero por mi parte pensar con simpleza que el ser humano no alcanza la armonía con el entorno ni la paz con sus semejantes por su tendencia al individualismo.
De esta manera surgen por todas partes dedos que señalan y voces que claman por la condena del resto de la humanidad, con base en las propias concepciones del bien y el mal, de lo sagrado y lo profano. Este ejemplo habrás de entenderlo bien, siempre que descorras el velo religioso que parece cubrirlo; fácilmente podrás asumir luego que, dentro del más complicado razonamiento humano, cabe la posibilidad de que muchos encuentren su deidad en cosas absolutamente triviales e insólitas… Seguro a ti mismo te ha pasado…
Es cuestión humanamente histórica el que cada cual se conduzca con un particular orden de prioridades; la circunstancia de que ese orden lo encabece el deseo de cambiar al mundo o la más vana codicia, mengua frente a la obstinación de querer aplicarlo en perjuicio de otros”.
(Fragmento de una carta nunca enviada).